viernes, 11 de marzo de 2011

EMBAJADA DE CABOALLES EN MADRID


Hay lugares donde los caputvallinos son recibidos como si fueran de casa y donde nosotros nos encontramos como en la nuestra.

Este es el caso de la Cervecería Restaurante Naviego, a la que propongo como

EMBAJADA DE CABOALLES
EN MADRID




CERVECERIA RESTAURANTE NAVIEGO



Hace un par de meses estuve por Madrid conociendo a la hija y nieta de nuestra ahijada y amigos respectivamente.

El sábado nos quedamos a dormir en casa de dichos amigos en la calle Toledo y nos acercamos a la Plaza Mayor para pasar el rato y cenar algo, fuimos al Mercado de San Miguel que nos resultó encantador pero había mucha gente y un estilo de tomar cosas que a ciertas edades (yo diría que desde siempre por que nunca me gustó comer en el suelo o de pie) ya no aguantamos.

La gata (natural de Madrid) y nacida en la Cava Baja propuso ir a Casa Lucio a comer los famosos huevos fritos, me notó el morro torcido y me preguntó que me apetecía, a lo que contesté más o menos:
- (YO) Bueno, hay por aquí un restaurante de uno que vivió en Caboalles y podíamos pasar por allí.
- (LA GATA) ¡Paleto!, venir a Madrid para ir a ver a los del pueblo.
- (YO) Pasamos por delante y si no os gusta no entramos.

Quedamos en eso y pasamos por delante, el camarero que estaba en el mostrador frente al escaparate me miró, se envaró y…, les dije – No hay más remedio que entrar que ya me conocio -, efectivamente Laureano que vivió con Delia y Modesto en Casa Cabadas me había reconocido.

Entramos, saludos de rigor, pedimos unas cañas y cecina y más tarde probamos el lacón cocido con grelos con el que nos agasajó de forma inmerecida.

Aproveché algunos momentos en que Laureano estaba libre para cruzar unas palabras con él, hablamos de los caputvallinos que frecuentan el local y por fin nos fuimos.

Bueno, el paleto no quedó tan mal, los madrileños prometieron volver a comer la cecina que les encantó, así como el lacón. Y yo pensando que los huevos de Lucio no pueden ser mejores que los que me fríe mi mujer y puestos por las gallinas de mi suegro y que tenían razón con la cecina y el lacón de nuestro caputvallino de adopción, Laureano.

En su día LA NUEVA ESPAÑA editó un artículo sobre nuestra embajada en Madrid, Restaurante Naviego:

http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008071100_38_655409__Cuencas-Naviego-Pampiedra-calle-Mayor

Desde la Meseta
De Naviego y Pampiedra a la calle Mayor


LUIS ALONSO-VEGA

Resulta el título un poco largo, pero quiero llamar la atención de lo que es una realidad, puesto que la historia tiene sus recovecos.

Tengo un amigo en pleno centro de Madrid, con el diminutivo nombre de Poli, que un buen día me dijo: «Vamos a tomar algo "al asturiano"». Y allá fuimos, a un establecimiento que titulan Cervecería Restaurante Naviego: un gran bar, amplio, con una barra enorme, con mesas y comedor.

Allí me presentó a los hermanos Pedro y Laureano Menéndez González, propietarios, y, hablando entrecortado, dada su frenética actividad, Pedro me dice: «Yo estoy casado con una de Langreo».

«¿De Langreo, de dónde?», le pregunto. Y me dice: «De Ciaño. Bueno, aunque ella nació en Pampiedra». Pero a mí, en ese momento, lo que me interesaba saber es dónde está Naviego: confieso mi ignorancia, no lo sé.

Para Pedro es casi un insulto y hasta llega a decirme que no soy asturiano. Pacientemente me explica que Naviego, además de ser un pequeño pueblo a pocos kilómetros de Cangas del Narcea, es un río afluente del Narcea, con un precioso paraje que pertenece a la reserva natural del Cueto de Arbas.

Es ese momento, con su importante lección física y geográfica, llego a sentirme un tanto ridículo como asturiano. Ellos, Pedro y Laureano, recalan en Madrid en 1976, su primer establecimiento lo abren en La Puerta del Ángel y allí están doce años.

Pero en 1986 cogen el actual y, para mí, privilegiado local en la calle Mayor, número 18. Su asturianía está bien patente y en las servilletas de papel anuncian, por este orden: «Fabada asturiana. Fabes con almejas. Merluza a la sidra. Besugo a la espalda. Solomillo al Cabrales?».

La mujer de Pedro, María Rosa Merino Rivero, Rosa «para casa», tiene una hermana viviendo en Ciaño, en la barriada de San Antonio: Dolores. Y ambas son hijas de Juan Merino y Rosa Rivero (vive esta última). Pedro me sigue contando, entre cervezas y vino que no para de servir, que el 7 de julio de 1965, San Fermín, y en una excursión a Gijón que organizan las monjas de Ciaño, el autobús que las lleva tiene un accidente en El Piles y fallecen unas niñas, entre ellas, Pilar, hermana de su mujer: hecho que produce gran consternación en la zona.

De pronto, Pedro interrumpe el relato familiar, para decirme que, en aquel momento, hay una persona en la barra que también es de Ciaño y me lo presenta: José Luis Olego, hijo de ferroviario de la Renfe, estudiante del Colegio de los Hermanos y que después vivió en Sama, habiendo trabajado un tiempo en Fernández y Corral.

Creo que no había pasado un minuto cuando empezamos a intercambiarnos nombres de gente y familias que ambos conocíamos. No creo equivocarme en el número, pero me dijo que hacía como unos cuarenta años que no pisaba Langreo: pero llevaba a «todo el mundo» en la cabeza.

Me habló que en Madrid todos los días hacía el mismo «recorrido» por la zona y que si algo quería?

Y, volviendo al inicio, «buena gente -pensé yo-, pero trabajando como fieras detrás de una barra: ¡cómo es debido!».

Ellos, los hermanos Pedro y Laureano, cambiaron la tranquilidad de su bonito pueblo (Naviego, en 2004 tenía 32 habitantes), al igual que Rosa se aleja de su Pampiedra natal. La esposa de Laureano, Mari Carmen, aunque extremeña de nacimiento, ya se cría en Madrid.

Así que ahora, las veces que me dejo caer por la tienda de mi amigo Poli, soy yo el que le digo a él: «Vamos a ver "al asturiano"». A los naviegos Pedro y Laureano. Claro, y ahora a Olego también.

Agradecer nuevamente a Laureano el cariño con que nos recibió y atendió. También a su hermano Pedro que estuvo siempre atento con nosotros pero manteniéndose en un correcto segundo plano.
Prometo volver cuando vaya a Madrid, aunque me tachen de "paleto", los que somos de pueblo por qué lo vamos a negar.

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